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Los retos que afronta la comunicación en el mundo actual: distribución o coparticipación

  • Sylvie Boiton-Malherbe (a1)

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La comunicación, convertida en técnica de la captación de los mensajes, es un concepto vago o cambiante que no puede clasificarse en ninguna disciplina única o uniforme. Rebasa los dominios en los que se la quiere confinar, de los campos de aplicación de las ciencias humanas a los ámbitos operacionales de la telemática. Después que etnólogos y sociólogos, lingüístas y especialistas en sistemas, cibernéticos y psiquiatras le asignaran los más diversos significados, la comunicación en sentido lato y como realidad cotidiana entró en su era operativa en la década de los ochenta con las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (NTIC).

Ya sea que se privilegie su sentido de «relación interpersonal» o el sentido derivado de información por los medios de comunicación, la comunicación es un fenómeno en el que hay tres elementos: el emisor, el receptor, el mensaje. Cualquiera que sea la importancia relativa de cada uno de esos elementos con respecto a los otros, se admite que la comunicación es, ante todo, distribución de datos, de informaciones, de conocimientos entre uno o varios emisores y uno o varios receptores. En las relaciones interpersonales, la puesta en común del mensaje en determinado momento crea la comunicación en el sentido etimológico de «comunicare» (poner en comunión), en el que está implícita la noción de coparticipación.

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1 En singular, dado que el término en plural designa, originariamente, los medios de comunicación en el espacio (aire, mar, tierra).

2 Ideas para la acción — la Unesco frente a los problemas de hoy y al reto del mañana, Unesco, París, 1977, p. 360. Cabe citar también, a título de ejemplo, la utilización de la órbita de los satélites geostacionarios, en la que incluso los Estados que no tienen aún satélites han reservado su lugar (véase Conferencia administrativa mundial de radiocomunicaciones sobre la utilización de la órbita de los satélites geostacionarios y la planificación de los servicios espaciales que la utilizan, ORB — 88, Ginebra, 29 de agosto — 6 de octubre de 1988) o bien la difusión casi mundial que efectúa la Unión Europea de Radiodifusión en virtud de los acuerdos de reciprocidad que ha negociado con las organizaciones de radiodifusión de los países de los dos continentes americanos, de los países árabes, de los países de Europa del Este y de los países de Asia.

3 Tanto como su ausencia, el carácter tendencioso o inexacto de las noticias constituye una amenaza para la paz, por alimentar «el odio artificial entre las naciones mediante la mentira impresa» (Stephan Zweig, Les Nouvelles littéraires, 6 de agosto de 1932). Así, en 1931 se creó un tribunal de honor de los periodistas para juzgar a los responsables de la propaganda de guerra. Dicho tribunal formaba parte del «tríptico de la paz»: Sociedad de Naciones (Paz), Corte Permanente Internacional de Justicia (Justicia), Tribunal de Honor de los periodistas (Verdad), según la imaginería de la época. Véase sobre esta cuestión: Boiton-Malherbe, Sylvie, La protection des journalistes en mission périlleuse dans les zones de conflit armé, Editions Bruylant, ediciones de la Universidad de Bruselas, Bruselas, 1989, pp. 73115.

4 DUDH, artículo 19; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículos 19 y 20; Convenio Europeo de Derechos Humanos, artículo 10; Convención Americana sobre Derechos Humanos, artículos 13 y 14; Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, artículo 9.

5 A este respecto, el último programa de la Unesco de octubre de 1989 (La comunicación al servicio de la humanidad) tiene el mérito de haber precisado claramente que el objetivo del «nuevo orden mundial de la información y de la comunicación» es contribuir ampliamente a la libertad de expresión y de información en un marco consensual. Además en ese programa se preve un fortalecimiento del Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación (P.I.D.C.), elaborado en 1980 a iniciativa de los países occidentales, así como una mayor ayuda por pane de dichos países para mejorar los medios de comunicación en los países en desarrollo y adaptarlos a las condiciones locales.

6 Cabe recordar las experiencias del «desarrollo total» (tomadas en cuenta en todos los sistemas de comunicación en el marco de la planificación de la educación). En las conferencias zonales de la Unesco de San José de Costa Rica (1976), Kuala Lumpur (1979), Yaundé (1980), los debates sobre las políticas nacionales se encuadraron en el marco del debate sobre la autosuficiencia, noción indisociable de la reivindicación de la diversidad y de la identidad cultural. Esta noción fue parcialmente vaciada de contenido por quienes hacen referenda a ella, dado que, tras las conferencias, los famosos «consejos nacionales de la comunicación» —integrados por los diversos componentes de la sociedad civil— se vieron confrontados a la renuencia de los Estados. «Este orden del día ha permitido, en muchos casos, comprobar que, lejos de erigirse en adversario del sector privado, el Estado despojado ya de su poder de arbitraje, manifestaba —de consuno con la fracción de las clases dominantes vinculadas al capital trasnacional— un creciente rechazo ante las reivindicaciones de la sociedad civil en materia de comunicacomunicación». Cf. Mattelart, A.; Delcourt, Y.; Mattelart, M., La culture contre la démocratie, La Découverte, París, 1984, p. 120.

7 Haciendo extensivo el término de informatización, como antaño el de industrialización, al «conjunto de las transformaciones económicas, sociales y jurídicas que se desarrollan con motivo de los cambios técnicos».

8 Uno de los efectos nocivos del proceso es la supresión del tiempo, del que se disponía antes para verificar la información, punto medular del trabajo básico del periodista. Prueba de ello es la reciente experiencia de las noticias sobre la matanza de Timisoara que, tras verificación, resultó no ser tal.

9 «El martilleo cotidiano (en el sentido estricto del término) de la opinión por los medios de comunicación mediante las encuestas es un ejemplo perfecto de la descomposición del oficio de informador», La comunication victime des marchands, La Découverte, París, 1989, p. 63.

10 Acuñado por los investigadores de la escuela de Palo Alto. Cf. Bateson, G., Birdwhistell, R., Goffman, E., La nouvelle communication, Seuil, París, 1984, pp. 2761.

11 Así Jean Pictet, para mostrar el carácter universal de los Principios Fundamentales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, dice que «los principios humanitarios pertenecen a todos los pueblos y tienen sus raíces en todos los terrenos fértiles. Cuando se reúnen y se comparan las diversas morales, cuando se eliminan las escorias, es decir, lo que tienen de particular, queda en el fondo del recipiente un metal puro, que es el patrimonio común de la humanidad». Pictet, Jean, Los Principios Fundamentales de la Cruz Roja — Comentario, Instituto Henry Dunant, Ginebra, 1979, p. 9.

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