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        PRÁCTICAS FUNERARIAS DIFERENCIALES Y POSICIÓN SOCIAL DE LOS NIÑOS EN DOS UNIDADES DOMÉSTICAS DE MONTE ALBÁN, OAXACA
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Abstract

Los habitantes de Monte Albán estaban organizados en una sociedad jerárquica compleja; la integración a la sociedad estuvo determinada por factores sociales, económicos, políticos, así como de género y edad. El objetivo central del estudio radica en identificar la posición social de los niños y su integración como miembros de la comunidad. Con este fin analizamos los patrones funerarios y el uso del espacio en dos unidades domésticas de estatus medio/alto del periodo clásico (200–750 d.C.). De acuerdo con el análisis e interpretación de los resultados, los niños más pequeños fueron enterrados en los patios centrales, algunos en fosas y otros sobre cajetes cubiertos con otro plato. A partir de los cuatro a cinco años se inhumaban bajo el piso de los cuartos y sólo unos cuantos al interior de la tumba familiar. Esta metodología permite conocer las diferencias sociales y de género al interior del grupo social y quizá como reflejo también en la sociedad zapoteca.

Footnotes

This author is deceased.

Actualmente existe un creciente interés entre los investigadores de las culturas antiguas de Mesoamérica y de otras partes del mundo por determinar hasta donde es posible conocer algunas de las actividades que desempeñaban los niños en dichas sociedades (Ardren Reference Ardren, Ardren and Hutson2006; Ardren y Hutson Reference Ardren and Hutson2006; Baxter Reference Baxter2005; Kamp Reference Kamp2001, Reference Kamp2002; Moore y Scott Reference Scott, Moore and Scott1997; Storey y McAnany Reference Storey, McAnany, Ardren and Hutson2006; Márquez Morfín Reference Márquez Morfín, Licón and Márquez Morfin2009, Reference Márquez Morfin2010). Los niños comparten mucho de su espacio con sus madres, están en el mismo ámbito doméstico, y en ocasiones ayudan en sus tareas tanto de procurar alimento, prepararlo y servirlo. Colaboran también en la crianza de sus hermanos menores, y en la elaboración de trabajos domésticos como la orfebrería, cestería, hilado y tejido. En algunos estudios se ha planteado que a partir de la edad de ocho años ya colaboraban en ciertas tareas del campo, y quizá ocupaban junto con sus madres aquellos espacios no reservados a los hombres (Allison Reference Allison1999; Gero y Conkey Reference Gero and Conkey1991; Goldberg Reference Goldberg and Allison1999; Hendon Reference Hendon1996; Lawrence Reference Lawrence and Allison1999; Spencer-Wood Reference Spencer-Wood and Allison1999; Scott Reference Scott, Arnold and Wicker2001; Wright Reference Wright1996). Otros estudios se enfocan en las identidades sociales que diferencian individuos y grupos de gente, así como también en cuan variadas identidades pueden traslaparse e intersectarse basadas en sexo, edad, género, clase, religión y etnicidad (Meskell Reference Meskell1998).

El objetivo de la presente contribución es revalorar a los niños como actores sociales, explorando su tratamiento funerario diferencial con respecto a su edad y su madurez, dentro de la sociedad zapoteca del período clásico en Monte Albán. Utilizamos para ello la descripción y análisis del uso del espacio en dos unidades domésticas (Estacionamiento A y Estacionamiento A’), mediante un enfoque cualitativo. En particular proponemos analizar el lugar de entierro como evidencia de la posición social y también la posible relación entre la edad biológica de los niños al interior de esas dos unidades domésticas de Monte Albán que eran de un estrato social medio/alto, durante los períodos MA IIIa y IIIb. Describimos en detalle las características biológicas de cada individuo (la edad y el sexo) y el uso del espacio con las prácticas funerarias—el lugar del enterramiento, el tipo de depósito ya sea una fosa, cista o tumba, y la ofrenda asociadapara interpretar a partir de esos datos la posible posición social de los sujetos de acuerdo con sus características biológicas y socioculturales al interior de las dos unidades residenciales.

Las organizaciones sociales complejas han sido estudiadas bajo dos conceptos: el de jeraquía y el de herterarquía (Metcalf y Huntington Reference Metcalf and Huntington1991). De acuerdo con Crumley (Reference Crumley1995), la heterarquía en estas sociedades pudo ser de dos tipos: de escala o de control, que estaban compuestas por elementos subordinados y quizás por rangos no estáticos, inflexibles e inamovibles. La relación jerarquía-heterarquía admite flexibilidad temporal y espacial; es decir, que las relaciones heterárquicas entre los elementos en una escala espacial o en una dimensión, pueden ser jerárquicas en otras. La situación social de los individuos puede ser evaluada por medio del estudio espacial del sistema funerario en las unidades domésticas con relación a las características biológicas de los individuos enterrados en ellas, ya que el uso del espacio tiene significados sociales y culturales importantes (Finlay Reference Finlay, Moore and Scott1997; King Reference King, Ardren and Hutson2006; Moore y Scott Reference Moore and Scott1997; Spence Reference Spence and Plunket2002).

En el estudio cualitativo de dos unidades domésticas de Monte Albán, utilizamos el concepto de heterarquía, en el cual los individuos adultos no están en rangos y son diferentes entre sí. Sin embargo, este concepto únicamente es aplicable a ellos, ya que son quienes tuvieron una posición social dinámica. En el caso de los menores de 15 años, dado que no han adquirido un rango social, no se aplica este enfoque. Los resultados generales sugieren diferencias sociales en las prácticas funerarias por género, edad y estatus (González-Licón Reference González-Licón2011). En los niños, el tratamiento funerario fue distinto de acuerdo con las etapas biológicas de su crecimiento y desarrollo, en relación a la ideología y los ritos mortuorios.

LAS UNIDADES DOMÉSTICAS Y EL USO DEL ESPACIO

Para Kent (Reference Kent and Kent1990a, Reference Kent and Kent1990b) las unidades domésticas son conceptualizadas como socialmente heterogéneas, lo que se identifica en el análisis de la ubicuidad asimétrica por edad, género, actividad y parentesco entre los residentes y la cabeza del grupo doméstico. La conducta diaria en la casa legitima el orden social doméstico que ha sido construido de manera arbitraria. El uso del espacio en el grupo doméstico y su función social, económica, cultural y ritual reproduce, promueve y perpetúa la inequidad. Las unidades domésticas se han identificado también por actividades compartidas a nivel corporativo; éstas pueden ser productivas, de distribución, consumo, transmisión de propiedad o herencia, procreación, socialización, cuidado de la prole y el culto (Arnauld et al. Reference Arnauld, Manzanilla and Smith2012; Carballo Reference Carballo2016; Gamboa Reference Gamboa Carrera2016; Manzanilla Reference Manzanilla1993, Reference Manzanilla, Manzanilla and Chapdelaine2009, Reference Manzanilla2016:53–60; Wilk y Ashmore Reference Wilk and Ashmore1988; Winter Reference Winter1974, Reference Winter and Manzanilla1986).

Para Blanton (Reference Blanton, Price and Feinman1995:112–114) la casa posee una comunicación canónica que involucra la transmisión de mensajes invariables y durables a través de varios medios materiales, tales como la organización espacial simbólicamente estructurada, los adoratorios y el uso del espacio. Este autor sugiere que entre las estrategias para lograr y mantener la centralización y la desigualdad en un grupo doméstico por parte de los miembros mayores, se encuentra la inversión de una casa elaborada para asegurar que los hijos sólo puedan mantener un estatus aceptable si continúan viviendo con los padres, por carecer de recursos para construir una residencia comparable. Sostiene que la inequidad adentro de los grupos domésticos puede presentarse como poderosa y sagrada a través de rituales y del habitus (Bourdieu Reference Bourdieu and Bourdieu1990), o cultura del grupo doméstico (Capdevielle Reference Capdevielle2011). Las sociedades complejas organizan el espacio del ambiente construido mediante patrones arquitectónicos con mayores divisiones, espacios más segmentados, que son un reflejo de esa complejidad (Feinman y Nicholas Reference Feinman, Nicholas, Arnauld, Manzanilla and Smith2012:147–149; Drennan Reference Drennan, Wilk and Ashmore1988; Flannery y Marcus Reference Flannery and Marcus2005). De acuerdo con Feinman y Nicholas (Reference Feinman, Nicholas, Arnauld, Manzanilla and Smith2012:147) en las ciudades complejas y densamente pobladas, asentadas sobre sitios terraceados de montaña como El Palmillo, existía una gran colaboración entre los habitantes de las unidades domésticas cercanas o aledañas para la atención y mantenimiento de los espacios compartidos o comunes y las actividades cotidianas.

En el caso de Monte Albán, las dos unidades domésticas en estudio se localizan en una terraza en la parte alta y se encuentran a escasa distancia una de otra (González-Licón Reference González-Licón2011). Esto implica que debieron compartir decisiones en colectivo para el uso y mantenimiento del espacio y una colaboración estrecha. Entre más diversa la estructura del espacio, implica mayores decisiones, negociaciones y elecciones por parte de los involucrados en la construcción y el uso de la casa, así como en su reutilización, modificaciones y disposición de los bienes materiales. Los enfoques utilizados para el estudio del uso del espacio pueden ser culturales, como en la transmisión de mensajes de estatus y poder. El enfoque social concentra su análisis en la identificación de los individuos que habitaron la unidad doméstica y la analizan como unidad socioeconómica básica (Johnston y Gonlin Reference Johnston, Gonlin and Houston1994:172).

EL NIÑO COMO MIEMBRO DE LA SOCIEDAD

Los trabajos sobre la niñez y los niños se han desarrollado e incrementado en las últimas décadas, y las líneas de investigación muestran la complejidad de su estudio a través de la Sociedad para el Estudio de la Niñez en el Pasado (SSCIP) (Crawford y Lewis Reference Crawford and Lewis2008:5–16; Lewis Reference Lewis2007; Montgomery Reference Montgomery2009:3–14). Para el área de Mesoamérica prehispánica Arden y Hutson (Reference Ardren and Hutson2006) abordan una diversidad de temas, entre ellos aspectos sobre el papel social de los niños y cuál fue su participación en el desarrollo económico y en las labores productivas (Kamp Reference Kamp2001; King Reference King, Ardren and Hutson2006). Se abordan, por ejemplo, cómo se da el proceso de socialización del niño (McCafferty y McCafferty Reference McCafferty, McCafferty, Ardren and Hutson2006), cómo concibe la sociedad a estos individuos, y cuándo empiezan a ser relevantes como miembros sociales (Joyce Reference Joyce, Ardren and Hutson2006). En otras obras se reportan estudios sobre el sacrificio humano de los infantes entre los aztecas y los mayas (Anda Reference Anda Alanis, Tiesler and Cucina2007; Márquez Morfín Reference Márquez Morfín, González Licón and Márquez2010:253–282; Román y Chávez Reference Román, Chávez, Arden and Hutson2006). Es importane notar que las diferencias de edad pueden ser reconocidas de manera desigual al interior de cada sociedad.

Hasta el momento, cuatro han sido los grupos de indicadores empleados de modo más común en el estudio arqueológico de los niños: los restos funerarios; la cultura material relacionada con niños como juguetes, o aquella enfocada a la educación de los mismos; evidencia del proceso de aprendizaje de tareas adultas como replicas en miniatura de arcos y flechas para los niños, así como metates y vasijas para las niñas; y, representaciones pictóricas o descripciones de actividades infantiles en códices, estelas, vasijas, murales, testimoniales, leyendas e historias locales, entre otras formas (Joyce Reference Joyce, Ardren and Hutson2006). En Mesoamérica, la educación de los niños nobles era estricta y controlada por el grupo dirigente. Por el otro lado, los niños comunes iban aprendiendo mediante juego e imitación los principios básicos de comportamiento y roles que se esperaban de ellos, dependiendo del sexo y la edad alcanzada para estar listos al llegar a la etapa adulta (Ardren Reference Ardren, Ardren and Hutson2006).

PRACTICAS FUNERARIAS

Las exploraciones arqueológicas en Oaxaca han permitido conocer diversos aspectos de los sistemas de enterramiento (Caso Reference Caso1933, Reference Caso1938, Reference Caso1942; González-Licón y Márquez Morfín Reference Márquez Morfín and González Licón1990; González-Licón Reference González-Licón2011; Martínez López Reference Martínez López1998; Martínez López et al. Reference Martínez López, Winter and Markens2014; Urcid Reference Urcid1992; Uruñuela y Plunket Reference Uruñuela, Plunket and Plunket2002; Winter et al. Reference Winter, Martínez, Autry, Wilkinson and Antonio Juárez1995). De acuerdo con la complejidad social, el tipo de entierro fue variando, desde el más sencillo utilizando una fosa de tierra, hasta elaboradas tumbas. Igualmente, la riqueza y clase de la ofrenda han permitido identificar el rango social del sujeto y de la sociedad misma. Existe gran variabilidad en la realización del ritual mortuorio, lo que indica una relación directa entre la estructura del mismo y la base económica de dichas manifestaciones socioculturales. En la sociedad zapoteca, donde existieron clases, linajes y organizaciones más complejas, la ubicación del entierro, con respecto al centro político-administrativo del asentamiento, la forma y orientación de la tumba, así como las ofrendas que lo acompañan y la manera en que se dispone del cuerpo al interior de la cámara funeraria, representan igualmente una condición religiosa y social.

El culto a los antepasados es parte de los sistemas mágico-religiosos y su estudio, como ya indicamos, puede conducirnos a identificar las manifestaciones materiales de un pensamiento religioso. Lo primero, y acaso lo más significativo, es la creencia de que la muerte no es sino un punto de la vida: la muerte y la vida son en realidad dos aspectos de lo mismo. De acuerdo a Toynbe (cfr. Malville Reference Malville, Rakita, Buikstra, Beck and Williams2008), los seres humanos tienen ideales que sobrepasan el nivel medio de sus actitudes espirituales. Los estudios arqueológicos han intentado usar los patrones funerarios dentro del ámbito doméstico para identificar el papel de los individuos y su impacto en condiciones sociales dadas. McAnany (Reference McAnany, Sabloff and Henderson1993:162, Reference McAnany and Houston1998), en su investigación sobre la sociedad maya, plantea cómo la veneración a los ancestros tiene una posición privilegiada en el dominio familiar de la vida social. En la vida cotidiana se convive con ellos, pues en la práctica “la veneración a los ancestros no se trata de los muertos, sino de cómo los vivos hacen uso de los muertos” para promover y perpetuar la inequidad y la alienación de los recursos dentro de la casa, así como de la política.

De tal manera que es posible analizar el contexto específico en el que se genera la inequidad en el grupo doméstico. La casa es el contexto material que continuamente refuerza las divisiones sociales y las oposiciones categóricas a nivel de barrio y de comunidad. La casa materializa la identidad social de sus habitantes y actúa como un recordatorio de la misma tanto para sus habitantes como para los no habitantes. Los bienes materiales al interior de la casa estructuran y refuerzan las relaciones sociales de sus miembros, y pueden ser usados para negociar o cambiar de posición o jerarquía con respecto a los otros (Arnauld, et al. Reference Arnauld, Manzanilla and Smith2012; Blanton Reference Blanton1994, Reference Blanton, Price and Feinman1995; Manzanilla Reference Manzanilla, Manzanilla and Chapdelaine2009; Wilk Reference Wilk and Ashmore1988, Reference Wilk1997).

Los zapotecos eran un grupo social complejo con prácticas funerarias específicas, donde el culto a los ancestros tuvo relevancia y se ha evaluado mediante el análisis de las tumbas, sobre todo en Monte Albán (Caso Reference Caso1933, Reference Caso1938, Reference Caso1942; González-Licón y Márquez Morfín Reference González-Licón and Morfìn1990; González-Licón Reference González-Licón2011; Martinez López Reference Martínez López1998; Martínez López, et al. Reference Martínez López, Winter and Markens2014; Romero Reference Romero1983; Urcid Reference Urcid1992; Uruñuela y Plunket Reference Uruñuela, Plunket and Plunket2002; Winter Reference Winter and Flannery1976, Reference Winter and Flannery1996, Reference Winter and Plunket2002; Winter et al. Reference Winter, Martínez, Autry, Wilkinson and Antonio Juárez1995). De acuerdo a las investigaciones, la desigualdad dentro de las residencias multifamiliares era aguda, y se materializaba en las diferencias en tamaño y segmentación del espacio. La variabilidad en la elaboración de los entierros y de los materiales asociados es un indicador de las relaciones de parentesco y su estructura, del papel de la cabeza del linaje. El uso ritual del espacio con fines funerarios es evidencia de la organización social y de la posición de sus miembros (González Licón Reference González-Licón2011).

TRATAMIENTO MORTUORIO DE LOS NIÑOS

Las prácticas funerarias y el tratamiento de los niños al morir en los grupos antiguos, están relacionadas con multitud de factores, pero existen considerables evidencias donde se muestra que la definición de “vida” después del nacimiento dependía de la definición de cuando “empieza la vida” (Saunders Reference Saunder, Katzemberg and Saunders2000:136; Saunders y Barrans Reference Saunder, Barrans, Hoppa and FitzGerald1999). Algunos grupos reconocen la vida varios días despues del nacimiento del niño, mientras otros no consideran a los niños “completamente humanos” por varios años (Saunders y Barrans Reference Saunder, Barrans, Hoppa and FitzGerald1999). De ahí, que el tratamiento funerario de los niños dependía de aspectos cosmológicos, sociales y culturales respecto a su edad y estado de madurez biológica (Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1984). En ocasiones, los niños fueron enterrados en lugares alejados de los cementerios, tales como las entradas a los caminos. Por ejemplo, en la costa de Oaxaca, en el sitio de Río Viejo, la ausencia de niños enterrados en las casas se considera como evidencia de diferencias en el tratamiento mortuorio entre adultos y niños (King Reference King, Ardren and Hutson2006:170).

Para Mesoamérica, tenemos datos etnohistóricos relacionados con los niños, incluyendo los grupos de edad o edades significativas y sus características básicas (Sahagún Reference Sahagún1985), y su incorporación a la sociedad dependiendo de cada cultura (Joyce Reference Joyce2000, Reference Joyce, Ardren and Hutson2006). Las distinciones entre los nahuas descritas por López Austin (Reference López Austin1996) son: (1) niños de teta, (2) niños que aún no hablan, niños destetados, niño o niña delicada, muy tierna, (3) niños menores de seis años, y (4) niños o niñas mayores de seis años. El periodo de la niñez era comprendido desde el nacimiento hasta los 13 años de edad. Los padres determinaban cuándo el niño pasaba de un grupo a otro. Esta determinación podría ser “cuando ya podían ver” y escuchar por sí mismos, o “cuando no eran como pajaritos” (Díaz Barriga Reference Díaz Barriga2008).

La información etnográfica sobre los niños puede ser importante para entender algunos aspectos de la organización social y de los rangos al interior del grupo doméstico. Aunque no tenemos datos para los niños zapotecos, consdieramos importante tomar en cuenta los referentes de otros grupos. Por ejemplo, los datos etnográficos para los Iroquies de Ontario refieren entierros de niños bajo el piso de los pasillos centrales de las casas “along pathways so that their souls might re-enter the womb of a passing woman”, connotación que sólo este tipo de información pudo descifrar y bajo nuestra experiencia cultural del espacio, hubiera tenido otro significado (Saunders Reference Saunder, Katzemberg and Saunders2000:136).

Entre los mayas de Zinacantán, la identidad como persona parte de un proceso gradual de socialización del lenguaje y su aprendizaje, en un sentido de proceso interactivo que radica en la relación entre maduración física y la llegada del ch'ulel o alma (“ya viene el alma”) (de León Pasquel Reference de León Pasquel2005). En este grupo, la posicion social del niño se definía como un miembro de la comunidadse definía una vez “que ya tiene alma,” mediante un proceso de adquisición de capacidades como atender, entender, comunicar, participar y actuar de acuerdo con los patrones culturales del grupo. El entendimiento y la reflexión moral marcan el final del proceso alcanzado entre los seis y siete años, momento en el cual el niño es considerado miembro de la sociedad sin diferencia de género. Estos elementos se combinan con aspectos del desarrollo biológico que implican procesos de crecimiento, desarrollo y maduración; en otras palabras, “el niño no está maduro, es aguado, le falta cocimiento,” e incluso se les considera subdesarrollados espiritualmente (Malville Reference Malville, Rakita, Buikstra, Beck and Williams2005). En este sentido se identifican distintas fases de maduración (de León Pasquel Reference de León Pasquel2005).

Es interesante reconocer las diferencias entre la edad biológica (Bogin Reference Bogin1999) y los cambios en la vida de los niños en diferentes momentos de su proceso de desarrollo. Estas etapas incluyen, por ejemplo, al nacer, donde son extremadamente frágiles e indefensos (0–1 año); la etapa de infante (1–3 años), en la cual todavía es alimentado con leche materna, termina en el momento del destete hacia los tres años, etapa difícil en la que el niño se enfrenta a todos los riesgos de su medio ambiente; la etapa de niño (4–10 años), donde la sobrevivencia es mayor y su integración social aumenta con diversos tipos de actividades laborales; y la de joven (11–14 años), caracterizada por el proceso de crecimiento y maduración, durante la cual la mortalidad disminuye considerablemente y se desarrollan actividades productivas en mayor medida (Acsádi y Neméskéri Reference Acsádi and Neméskéri1970; Meindl Reference Meindl, Jones, Martin and Pilbeam1997; Overfield Reference Overfield1995; Ubelaker Reference Ubelaker1989).

Parece ser que el caso de Oaxaca tiene similitudes importantes con el de Zinacantan, ya que se tienen conceptos afines respecto a la madurez del niño. Los ritos de paso implican ceremonias a los tres días de nacidos, a las tres semanas, y posteriormente a los tres años que en términos biológicos se relacionan con esos momentos importantes de crecimiento, desarrollo y madurez que tendrán un efecto en el comportamiento cultural hacia los niños.

En la región de Oaxaca se han llevado a cabo pocos estudios arqueológicos donde se mencionen a los niños (González-Licón Reference González-Licón and Morfín2010:155–173). Por ejempo, el estudio de King en dos conjuntos domésticos excavados en Río Viejo refiere a la ausencia de esqueletos infantiles y plantea que los adultos y los niños fueron enterrados en lugares distintos, los primeros dentro de las casas y los segundos en algún lugar todavía no localizado (King et al. Reference King, Ardren and Hutson2006:184). Winter (Reference Winter, Martínez, Autry, Wilkinson and Antonio Juárez1995:151–162) localizó una cista circularen la esquina noreste de uno de los cuartos, en una residencia en la Plataforma Norte de Monte Albán (época IIIa) donde identificó 18 cráneos de niños (Entierro 1993–43). Este hallazgo fue interpretado como una ofrenda. Sin embargo, en el análisis realizado de ese entierro entre los años 2014 y 2015 identificamos varios esqueletos de niños completos, además de los 18 cráneos, lo cual sugiere más bien que se trata de un entierro múltiple. En las fuentes etnohistóricas sobre Oaxaca, como Burgoa (Reference Burgoa1989a, Reference Burgoa1989b), y las Relaciones Geográficas del siglo XVI (Acuña Reference Acuña1984), hay pocas menciones de niños en general. En la Relación de Atlatlauca y Malinaltepeque se indica que en cuanto a cuestiones de herencia: “Los caciques tenían todas las mujeres que querían, aunque entre ellas había una que era tenida por mujer natural, y solo los hijos de ella heredaban el cacicazgo y no los de las otras. Y cuando de esta no los tenía, aunque los tuviese de otras y de las demás, ellos no lo heredaban” (Acuña Reference Acuña1984:50–51). Para la gente común, en la Relación de Nexapa se describe: “[…] desde que nacía el niño, se iba criando conforme a las leyes del gobierno: no habría de vestir cosa alguna sin licencia de las leyes (y) según la calidad de cada uno, así era el vestido. Siendo niños, totalmente andaban desnudos y, el día (en) que por la vergüenza se habían de cubrir sus vergüenzas, celebraban fiesta con grandes ceremonias, que eran notables” (Acuña Reference Acuña1984:350).

MATERIALES Y MÉTODOS

Durante 2014 y 2015 reanalizamos diversas colecciones óseas provenientes de excavaciones desde 1972 en Monte Albán y depositadas en las bodegas del INAH en Cuilapan, Oaxaca. Estos datos y resultados están siendo procesados para distintas líneas de investigación. En este estudio utilizamos los resultados generales del examen de 188 esqueletos excavados en 1991–1992, pertenecientes a 12 unidades domésticas (Figura 1) de los periodos MA II, MA IIIa y MA IIIb (González-Licón Reference González-Licón2011; Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1992).

Figura 1. Plano ubicación de las unidades domésticas en el área del Estacionamiento de Monte Albán. Mapa por Márquez Morfín y González-Licón.

Resultados demográficos

Del total de 188 individuos, encontramos que el 37% eran menores de 15 años (subadultos) y el resto adultos (59 hombres y 38 mujeres y 22 no identificables) a la muerte. Los 69 subadultos (sin asignar sexo) fueron clasificados en rangos de edad: neonatos, menores de un año (meses), de 1 a 4, de 5 a 9, y de 10 a 14 años. El 44.4% de los esqueletos pertenecen a neonatos e infantes antes de su primer aniversario. La curva general de mortalidad humana en grupos antiguos en una población que tiene un crecimiento “normal”, muestra a los recién nacidos y menores de un año como los más vulnerables y en edad de riesgo con una mortalidad mayor (Acsádi y Neméskéri Reference Acsádi and Neméskéri1970; Hernández Reference Hernández, Morfín, González-Licón and Hernández2006). Los valores que encontramos entre los niños de Monte Albán indican condiciones de salud relacionadas con los problemas inherentes a las primeras etapas de la vida, ya que 40% de las muertes ocurrieron antes de su quinto aniversario, edades en las cuales los niños estaban mucho más expuestos a su medio ambiente y a riesgos de muerte. Una vez rebasada esta edad, la probabilidad de morir disminuye, ya que el niño tiene un mejor desarrollo inmunológico y madurez (Bogin Reference Bogin1999). Por lo tanto, los niños mayores y jóvenes de Monte Albán podían asegurar su crecimiento a la etapa adulta, lo cual es congruente con los reportes de mortalidad en grupos antiguos. Respecto a los datos demográficos obtenidos a partir de estos esqueletos se pueden consultar los resultados publicados (Márquez Morfín et al. Reference Márquez Morfín, Camargo, González Licón and Prado1994). Sin embargo, a partir del estudio de las colecciones óseas de los periodos mencionados, se obtuvo una cifra mayor de individuos, cercana a los 400. La investigación de la evolución demográfica de Monte Albán está en proceso de publicación (Márquez Morfín et al. Reference Márquez Morfín, Licón, Espinoza and Granados2017).

PRÁCTICAS FUNERARIAS POR PERIODO

González-Licón (Reference González-Licón2011) analizó con detalle los cambios y las diferencias en el tratamiento funerario de 12 unidades domésticas correspondientes a MA II, MA IIIa y MA IIIb. En este trabajo seleccionamos los aspectos relevantes respecto a los subadultos para cada fase en las 12 unidades y posteriormente hacemos un análisis detallado de dos de éstas.

Fase Monte Albán II (150/100 a.C.–100 a.C.)

Para el periodo II localizamos un niño entre tres y cinco años de edad enterrado en la Tumba 2 de la Carretera A (González-Licón Reference González-Licón2011:154). De los depositados en fosas bajo el piso de los cuartos, casi la mitad de ellos tenían entre 5 y 10 años. Dos niños no fueron depositados en vasijas: el E-25 localizado en el cuarto noreste sobre un enlajado y el E-82. Sin embargo, es evidente un tratamiento funerario diferencial de acuerdo con la edad, sobre todo entre subadultos y adultos: los segundos tienen una mayor cantidad de ofrendas que los niños.

La única excepción registrada es un niño entre 5 y 10 años de edad, registrado como E-80 y localizado en una fosa cubierta por lajas en posición decúbito dorsal extendido. Este niño presentó varios objetos asociados, incluyendo: un vaso identificado como MA II-IIIa, colocado sobre el fémur izquierdo; un cajete cónico; un collar de 25 piezas, 15 cuentas de concha y 10 cuentas de jade, así como cuatro pendientes de concha. Este niño fue enterrado en un cuarto secundario al norte del patio central del “Estacionamiento A”, considerado como perteneciente a un nivel económico alto de acuerdo con la calidad y cantidad de las ofrendas (Goldberg Reference Goldberg and Allison1999; González-Licón Reference González-Licón2011:158). Quizá este niño fue el hijo del jefe de la familia nuclear que habitaba esa sección de la unidad doméstica, dado que se trata de una extensión más allá de los cuartos principales.

En la unidad del “Estacionamiento A” excavamos también el entierro de un adulto de sexo indeterminado (posiblemente femenino) y un neonato con una ofrenda conjunta de 17 objetos (7 navajas de obsidiana y 10 placas de concha) (González-Licón et al. Reference González-Licón, Matadamas and Martínez1999), que pudo pertenecer al adulto, quizá madre del niño muerto al nacer y enterrado junto a ella.

Fase Monte Albán IIIa (200–500 d.C.)

En las tumbas encontramos un número mayor de hombres que de mujeres y sólo tres niños menores de cinco años. El resto de los subadultos de la serie fueron depositados en fosas. La localización de estas fosas en las unidades domésticas, ya fuera bajo el piso de los cuartos o de los patios, puede ser significativa para conocer las diferencias sociales respecto al uso del espacio. Los individuos enterrados en tumbas tenían más ofrendas que los depositados en fosas. Los hombres presentaron tres veces mayor cantidad de ofrendas que las mujeres. Sobre las características de dichas ofrendas, la mayoría de los objetos de obsidiana corresponde a hombres, y solo una navaja se asoció con una mujer. No obstante, debemos aclarar que no pudimos estimar el sexo en nueve adultos. También se localizaron 23 objetos de concha, 12 asignados a seis hombres, ninguno a mujeres, y 11 relacionados con individuos adultos y subadultos de sexo no especificado. De los 13 objetos de jade localizados, casi todos están asociados con tres hombres y con dos niños. En el caso de las mujeres ninguna tuvo ofrendas de jade (González-Licón Reference González-Licón2011). Los niños presentan menos ofrendas que los adultos, quizá como un reflejo de la posición social que tenían dentro de la sociedad zapoteca.

Fase Monte Albán IIIb (500 a 700/750 d.C.)

Para IIIb encontramos un niño de 5–10 años en una tumba junto a esqueletos adultos, y cuatro niños más en fosas con una edad de dos a cuatro años. Nuevamente, las prácticas funerarias son un indicador de la posición más prestigiosa de los adultos sobre los niños. Los hombres presentaban tanto más objetos ceremoniales comovasijas consideradas como domésticas (González-Licón Reference González-Licón and Rodríguez-Shadow2007).

LOCALIZACIÓN DE LOS ESQUELETOS

La identificación de los individuos y su lugar de entierro es uno de los aspectos relevantes en ese estudio. La distribución de los esqueletos—ya sea en tumbas en fosas bajo el piso de los cuartos, o en los patios centrales—indica que hubo un tratamiento funerario diferencial tanto por género, como por edad y por diferencias de estatus. La mayoría de los niños (87%) fueron enterrados en fosas simples bajo el piso de los cuartos o en los patios centrales. Los esqueletos excavados en las 16 tumbas en su mayoría (88%) eran adultos, con cifras casi iguales para hombres y mujeres. Sin embargo, dado que no fue posible estimar el sexo en 22 casos, la relación podría variar (Tabla 1; Figuras 2 y 3). De los nueve niños localizados en las tumbas, cuatro eran perinatos (Tumbas 4, 6, 9, 11), cuatro tenían de 1 a 4 años de edad (Tumbas 2, 6, 11, 16), y uno era adolescente. Es posible que todos ellos fuesen hijos de las personas importantes dentro de la unidad doméstica y que fueron enterrados ahí por su posición social. Los perinatos probablemente fueron enterrados con su madre al momento de la muerte, posiblemente debido a algún problema durante el embarazo o parto. En la Tumba 4 se encontraron tres mujeres de edad avanzada, una cuarta mujer de entre 30 a 34 años, y un hombre viejo, de más de 60 años. La Tumba 9 tenía once esqueletos: cinco femeninos, cinco masculinos, y otro no identificable. Desafortunadamente, ni las mujeres ni los perinatos se encontraron en una posición anatómica, por lo que fue imposible determinar alguna asociación entre ellos.

Figura 2. Distribución de individuos por grupo de edad y sexo en tumbas de las 12 unidades domésticas de Monte Albán, Oaxaca (temporada 1991–1992). Gráfico por Márquez Morfín y González-Licón.

Figura 3. Distribución de individuos por grupo de edad y sexo en entierros (fosas y cistas) de las 12 unidades domésticas de Monte Albán, Oaxaca (temporada 1991–1992). Gráfico por Márquez Morfín y González-Licón.

Tabla 1. Distribución por grupo de edad y sexo en tumbas y entierros de Monte Albán, Oaxaca. Temporada 1991–1992.

Sobre la pregunta del estatus de quiénes eran enterrados en las tumbas, es importante considerar el patrón funerario de reutilización de estos espacios (Márquez Morfín y González-Licón Reference Márquez Morfín and González Licón1990; Martínez López et al. Reference Martínez López, Winter and Markens2014; Urcid Reference Urcid1992; Uruñuela y Plunket Reference Uruñuela, Plunket and Plunket2002; Winter Reference Winter and Flannery1976, Reference Winter and Manzanilla1986, Reference Winter and Plunket2002; Winter et al. Reference Winter, Martínez, Autry, Wilkinson and Antonio Juárez1995). En los casos en los que hubo manipulaciones y movimiento de los restos óseos y de las ofrendas para depositar un nuevo cuerpo, como es la constante en las tumbas de Monte Albán, los esqueletos y objetos estuvieron mezclados y no fue posible distinguir cuáles corresponden a cada uno de los personajes. Se encontraron restos de adultos y niños que fueron colocados al fondo o a un lado de las paredes de la tumba. Varias de las tumbas exploradas en las doce unidades domésticas excavadas en la temporada de 199–1992 fueron reabiertas para depositar cuerpos en distintos momentos, como fue el caso de las Tumbas 4, 6, 7, 9, 11, 13, 14, 15 y 16 (González-Licón Reference González-Licón2011). La mayoría de las tumbas tenían varios esqueletos, entre tres a once individuos; algunos esqueletos se encontraron completos y en otros solo se encontraron partes. En otros casos (Tumbas 8 y 81, 10) identificamos dos o tres entierros primarios con el esqueleto en posición anatómica (Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1992; Tumba 185 bis en Martínez López et al. Reference Martínez López, Winter and Markens2014:319–321). De ahí que el estatus de los nueve niños localizados en las tumbas debe considerarse como una función de su parentesco con los adultos y la decisión para situarlos con ellos al interior de la tumba. En el caso de las ofrendas, ha sido muy difícil adjudicarlas a un individuo en particular en el caso de los esqueletos que se encontraron mezclados.

TRATAMIENTO FUNERARIO Y USO DEL ESPACIO EN DOS UNIDADES DOMÉSTICAS: ESTACIONAMIENTO A Y ESTACIONAMIENTO A’

Las excavaciones de dos unidades domésticas particulares, Estacionamiento A y Estacionamiento A’, resultan importantes por el gran número de entierros de niños localizados en ellas. Estos resultados motivaron el presente estudio, con el objetivo de identificar el rango social de estos individuos, mediante un enfoque espacial y cualitativo acerca de las prácticas funerarias relacionadas con los subadultos. Describimos y analizamos el uso del espacio dentro de cada casa, considerando su función social y ritual, con relación al sexo, a la edad, y al tratamiento funerario diferencial en estas dos unidades. Encontramos la presencia de tumbas bajo el cuarto principal, así como cistas y fosas bajo el piso de los cuartos y en el patio central. Estos entierros nos permitieon cuestionar el modo en que los niños eran considerados como miembros de la sociedad dependiendo de su edad, de sus circunstancias de desarrollo y de su madurez biológica; del mismo modo, estas variables se encontraban directamente relacionadas con la estructura y organización de la sociedad. Registramos a los individuos espacialmente de acuerdo con el tipo y la ubicación de inhumación en la unidad doméstica. Sugerimos las siguientes variables para identificar rangos sociales: (1) Lugar de enterramiento: cuartos, patio central, exterior de la unidad; (2) Forma de enterramiento: tumbas, cistas y fosas (Figura 4); y (3) Rango de edad: los adultos fueron divididos en adulto joven (15–25 años), medio (26–40 años), y avanzado (más de 40 años) y los niños en neonatos, niños de 0–1 año de edad; niños de un año a tres años; niños de 5 a 10, y niños de 11 a 14 años.

Figura 4. Plano de las unidades domésticas: Estacionamiento A y A’ de Monte Albán, Oaxaca. Mapa por Márquez Morfín y González-Licón.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Las unidades domésticas Estacionamiento A y Estacionamiento A’ fueron ocupadas entre 200 al 700 d.C.; sin embargo, la mayoría de los materiales se concentran en el período IIIa (Figura 1). A partir de una excavación horizontal a través de la liberación de rellenos y pisos, identificamos el patrón de las unidades. Las casas fueron construidas sobre una plataforma artificial en la pendiente este de la Plaza Central, apenas a unos metros de la Plataforma Norte, donde se desplantaron los muros y enlajados de la casa durante el periodo II. La extensión de la primera es de 18 × 18 m (324 m2). El patio central de la casa está limitado por una banqueta ancha o corredor que comunicaba a los cuatro cuartos principales; el acceso a cada uno de ellos es desde el patio por medio de escalinatas. El patio es de forma cuadrada, de 6 × 6 m (36 m2). Se localizaron dos tumbas de forma rectangular (T8 y T 8–1), una sobre la otra, pero solo alineadas por uno de los muros. En el lado sur de la casa, había cuatro cuartos rectangulares (l.80 a 2.60 m de largo y 2.50 m de ancho). En el lado norte se identificaron cinco cuartos con una distribución más compleja pues no tenían comunicación directa con el patio; posiblemente el acceso a los cuartos NW y N-2 se hacía a través del cuarto N-1. El lado oeste posiblemente tuvo cinco cuartos (Figura 5). El acceso estaba en la esquina sureste, por un pasillo se comunicaban con la casa Estacionamiento A' y hacia el este a través de la Escalinata 1 con las casas Estacionamiento B y C. Los muros fueron construidos con piedra caliza de forma irregular, mezclados con barro, y loa cimientos se hicieron con piedras bien trabajadas formando muros sólidos y resistentes. Los pisos -tanto en cuartos, tumbas y el patio- estaban construidos con barro, piedras o enlajado cubierto de estuco. En el patio central después de un apisonado, se colocó un enlajado y posteriormente un piso de estuco (González Licón Reference González-Licón2011:108–114).

Figura 5. Plano de la unidad doméstica: Estacionamiento A de Monte Albán, Oaxaca. Patio central y localización de las Tumbas 8, 8-1 y de los entierros de niños. Mapa por Márquez Morfín y González-Licón.

En esta casa se registraron dos tumbas (T8 y T8–1) de forma rectangular. En la tumba 8 (en Martínez et al. Reference Martínez López, Winter and Markens2014, es la 185 bis), localizada en la parte superior, registramos tres individuos adultos, dos en posición decúbito dorsal extendido y otro secundario, que fue removido hacia un extremo de la tumba. Tenía una antecámara donde localizamos un esqueleto flexionado sin ninguna ofrenda (E 34, Figura 6). En la parte anterior de la tumba fueron excavados dos hombres adultos jóvenes en posición sedente (42–1 y 42–2); sus cráneos, por cuestiones tafonómicas, habían caído entre sus piernas. Los bultos mortuorios fueron colocados sobre dos cajetes semiesféricos. Tenían una ofrenda de 16 objetos y un vaso efigie sobre el brazo de uno de ellos (Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1992; Martínez et al. Reference Martínez López, Winter and Markens2014:319). En el extremo opuesto de la tumba identificamos una cista (5) y en la parte superficial de ésta un cráneo de adulto (Figura 7). La cista contenía dos esqueletos adultos (26a y 26b) que fueron depositados uno sobre el otro, espalda con espalda. El individuo de arriba estaba en posición decúbito dorsal extendido y asociado a cinco objetos, incluyendo cuatro cajetes del periodo IIIa. El individuo de abajo se encontraba en posición ventral, pero sin cráneo (el cráneo en la parte superior de la fosa puede corresponder a este individuo), y asociado a cuatro objetos, entre ellos un punzón y un pulidor (Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1992).

Figura 6. Plano de una casa dentro de la unidad doméstica: Estacionamiento A de Monte Albán, Oaxaca. Tumbas 8 y 8-1. Entierros 34 y 29. Mapa por Márquez Morfín y González-Licón.

Figura 7. Plano de entierros 26a y 26b. Unidad doméstica: Estacionamiento A de Monte Albán, Oaxaca. Mapa por Márquez Morfín y González-Licón.

De acuerdo a los objetos localizados, la Tumba 8–1 fue construida en la fase IIIa. De las 12 unidades domésticas analizadas, esta fue la que aportó una mayor cantidad de entierros, con 45 esqueletos en fosas, cistas y tumbas, y entre ellos una cantidad relevante de niños (números de entierros: 22 A y B, 23, 24 A y B, 25, 26 A y B, 28, 29, 30 A y B, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40 A y B, 41, 42 A, y B, 43 A, B, y C, 44 A y B, 45 A y B, 47, 51, 73, 74, 75, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, y 85 (Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1992) (Figura 5). Es importante destacar que aunque las casas son contiguas, se observaron algunas diferencias considerables entre una y otra. Tales diferencias podrían estar relacionadas con el estatus social de las unidades domésticas en general; de las cuales la nombrada Estacionamiento Á presenta tumbas más elaboradas y con mayor espacio, así como mayor cantidad de materiales suntuosos.

Para inferir algunas de las concepciones que se tenían de los niños en esa cultura, particularmente las correspondientes a su grado de socialización y madurez biológica, tomamos como base el análisis espacial de los entierros y el lugar donde fueron inhumados los infantes dentro de la unidad doméstica Estacionamiento A, relacionando esta información con su edad y estado de crecimiento y desarrollo. Esto nos permitió plantearnos preguntas como ¿cuándo se empieza a considerar al niño como integrante de la sociedad? ¿A qué edad? ¿Cuál era el rango social de los niños inhumados en la casa, ya fuera bajo el piso de los cuartos o en el patio central, en tumbas o en fosas? De acuerdo con nuestro planteamiento inicial, los niños eran inhumados en el espacio de la casa dispuesto para ellos respecto a su condición biológica y ésta determinaba cuando se integraban a la sociedad. La posición social en sus primeros años debió estar determinada por su vulnerabilidad y el riesgo de muerte durante su etapa de infantes. Del mismo modo, fue de gran influencia el sistema de creencias acerca del momento en el cual puede atribuírseles la identidad de persona y de miembro de la sociedad. Quizá otro elemento de distinción se relacionaba con el hijo primogénito del jefe de la unidad doméstica, el cual heredaría la posición social de sus padres y quién por tanto pudo tener un trato especial, diferente de cualquiera de los otros niños.

En esta casa no encontramos ningún menor depositado en cualquiera de las dos tumbas exploradas (Tumba 8 y Tumba 8–1; Figura 5); ni en la cista 5. Del total de 28 niños identificados en esa unidad, 52% fueron inhumados en el patio central y el los 13 restantes en los cuartos. Lo importante de resaltar son las edades correspondientes a una u otra ubicación. Esto podría apoyar el planteamiento de que el momento de vida del infante en el cual era considerado como miembro de la sociedad, podría encontrarse –alrededor de los cinco años, cuando el niño ha alcanzado mayor madurez biológica. Recordemos las consideraciones expuestas respecto a las edades de mayor riesgo a morir en los primeros años de vida (1–3). En el patio central encontramos esqueletos de neonatos y niños menores de tres años, que fueron enterrados en fosas (Tabla 2 y Figura 5). En estas edades no hay todavía certeza de que el pequeño logre sobrevivir y alcanzar la adolescencia, todavía es muy vulnerable. De hecho, los datos demográficos demuestran que un alto porcentaje de niños murió antes de los cinco años de edad (Márquez Morfín et al. Reference Márquez Morfín, Camargo, González Licón and Prado1994). El patio pudo ser un lugar de segundo nivel social, ya que en él no se localizaron ofrendas importantes. Tal vez era incluso un espacio reservado para el entierro de niños pequeños, todavía no integrados socialmente. En nuestra propuesta inicial consideramos el espacio al exterior de la casa, como el más bajo en la escala social. Únicamente localizamos, en la parte exterior del muro norte, el esqueleto de una niña entre dos a cuatro años, en posición decúbito lateral flexionado (Entierro 23).

Tabla 2. Localización de niños en unidades domésticas A y A’ de Monte Albán, Oaxaca. Temporada 1991–1992.

Al momento de su muerte, los trece niños enterrados en las fosas excavadas bajo el piso de los cuartos tenían edades que iban entre los cinco y quince años de edad. Ocho de estos niños estaban en el cuarto noreste del Estacionamiento A (Figura 5). Esta información puede sugerir que a medida que el niño crecía, se desarrollaba y maduraba biológicamente, iba entrando paulatinamente mediante el proceso de socialización al mundo adulto, integrándose a la sociedad y adquiriendo cierto rango como otro de sus miembros. De esta forma, como personas reconocidas en la sociedad, eran depositados bajo el piso de los cuartos, junto con otros adultos, seguramente sus parientes cercanos. Sólo un pequeño de los excavados en los cuartos tenía alrededor de dos años al momento de su muerte (24a); fue enterrado bajo el piso del cuarto Este, arriba de la Tumba 8. Se trata de un entierro particular, con dos esqueletos localizados en una fosa que fue cubierta con lajas, ambos en posición decúbito ventral extendido. El más pequeño estaba sobre los restos de otro niño mayor, de entre cuatro y cinco años de edad. Abajo de los esqueletos se registraron fragmentos de una olla; en el fondo estaban piedras quemadas sobre el enlajado del piso. Posiblemente se trató de un horno que posteriormente fue reutilizado como fosa para el enterramiento de los dos niños, ya que los huesos no presentan evidencia de fuego (Márquez Morfín Reference Márquez Morfín1992; González-Licón Reference González-Licón2011).

Los resultados demográficos (Márquez Morfín et al. Reference Márquez Morfín, Camargo, González Licón and Prado1994) muestran que los subadultos de esta unidad tuvieron una alta mortalidad neonatal (alrededor del nacimiento). Los porcentajes en términos generales son similares a la de todos los grupos humanos antiguos, pues están relacionados con las condiciones de vida y salud materna (Hernández Reference Hernández, Morfín, González-Licón and Hernández2006; Storey Reference Storey, Whittington and Reed1997; Storey y McAnany Reference Storey, McAnany, Ardren and Hutson2006; Storey et al. Reference Storey, Márquez Morfín, Nuñez, Arnauld, Manzanilla and Smith2012). En este caso, de los 15 niños enterrados en el patio, siete no llegaron al primer año de vida, lo que representa una mortalidad infantil de 73.3%. Dentro de este grupo, cuatro eran neonatos (11 de 15), mientras que los tres restantes: corresponden a dos, tres y cuatro años de edad a la muerte. Considerando solo al grupo que va de recién nacidos a los cinco años, los porcentajes muestran la mayor mortalidad entre los seis meses y el año de edad, quizá como consecuencia de enfermedades respiratorias y gastrointestinales que atacan a los niños a esas edades, puesto que el aparato inmunológico no está totalmente desarrollado.

En la unidad doméstica Estacionamiento A’ se localizaron tres Tumbas (10, 15 y 16) y encontramos ocho entierros de subadultos en el patio central. En la Tumba 15 fueron registramos ocho individuos adultos en 40 y 50 años de edad y ningún niño; en la Tumba 16 localizamos siete individuos, entre ellos un adolescente y los demás adultos entre 30 y 45 años. La mayoría de estos niños fueron depositados bajo el piso del patio, en vasijas y cajetes como tapas, tal vez con la intención de preservar y cuidar el cuerpo (Figura 8). Las edades son similares a los niños del Estacionamiento A, pero aquí distinguimos dos un poco mayores: de 4 a 6 años (Tabla 2). Desafortunadamente algunos de los cuartos de esta unidad doméstica fueron destruidos por la intervención de maquinaria pesada durante la construcción del camino de acceso a la zona arqueológica y no disponemos de suficiente información acerca de ellos (Figura 8).

Figura 8. Plano de la unidad doméstica: Estacionamiento A’ de Monte Albán, Oaxaca. Patio central con entierros de niños en vasijas con tapa. Localización de tres tumbas: 10 (2 adultos), 15 (8 adultos) y 16 (6 adultos y 1 niño de 5–9 años de edad). Mapa por Márquez Morfín y González-Licón.

CONCLUSIONES

Con base en los resultados del análisis de las 12 unidades domésticas (1991–1992) podemos apuntar que existieron notables diferencias sociales entre los habitantes en cada fase cronológica. Los individuos de la elite, y especialmente los hombres, fueron acompañados de diversos objetos suntuarios de cerámica, concha, jade, turquesa y objetos rituales a modo de ofrenda. Por ejemplo, la obsidiana está relacionada en el periodo IIIa sólo a hombres y niños, pero no a mujeres (González-Licón Reference González-Licón and Rodríguez-Shadow2007). El acelerado incremento demográfico y las desigualdades sociales experimentadas en Monte Albán a través del tiempo, pudieron elevar también el costo de la vida. Respecto a las prácticas funerarias los adultos fueron enterrados con más objetos que los niños, independientemente de su edad. La única excepción fue un niño que recibió la ofrenda más grande de su periodo, indicando que tenía un estatus o prestigio asignado desde su nacimiento. Es claro también que no todos los hombres recibieron el mismo tratamiento funerario, lo que señala una jerarquía bien establecida al interior de cada grupo familiar donde cada individuo, hombre, mujer o niño conocía su posición y el rol que tenía que llevar. Desafortunadamente no tenemos los elementos necesarios para poder asociar la colocación de un individuo al interior de la tumba familiar y la presencia abundantes ofrendas con el rol social específico que cada individuo pudo haber desempeñado dentro de la unidad doméstica.

Figura 9. Patio central con entierros de niños en vasijas con tapa. Fotografía por Márquez Morfín y González-Licón.

La complejidad de las prácticas funerarias de las dos unidades Estacionamiento A y Estacionamiento A’ permite hacer diversas interpretaciones sobre el significado del uso del espacio doméstico y la posición social de los niños dentro de un grupo jerarquizado. El estatus de los nueve niños localizados en las tumbas debe considerarse en relación con su parentesco con los adultos y su decisión para situarlos con ellos al interior de la tumba; estos niños fueron los únicos colocados en tumbas, mientras que el resto fueron enterrados en fosas bajo el piso de los cuartos. Sólo un pequeño se localizó fuera de los muros de una de las unidades.

Los resultados de la estimación de edad con relación al lugar de entierro pretenden identificar el momento/la edad, en el cual el niño pudo ser considerado miembro de su comunidad, de acuerdo a su nivel de crecimiento, desarrollo y madurez biológica. Ambas casas tuvieron un rango socioeconómico medio/alto tomando en cuenta su cercanía al sector central; así como su tamaño y sistema constructivo, con cimientos y muros de piedra. Por lo tanto, consideramos que las diferencias son justificadas en términos de los rangos sociales propios de ese grupo y de la manera en que se decidieron efectuar las prácticas mortuorias de los infantes. La casa Estacionamiento A tenía dos tumbas: T8 y T8–1, construidas durante MA IIIa en momentos distintos. Ningún niño fue depositado en ellas. En la Tumba 8 se colocó un adulto y tiempo después fue reutilizada, el esqueleto removido hacia uno de los extremos para colocar dos cuerpos en posición decúbito dorsal extendido. Aparentemente cuando se decide construir la Tumba 8, no se consideró que debajo había otra tumba (T8–1) de tamaño, características y orientación similares, aunque no exactamente en la misma posición. Es posible que el lapso de tiempo entre la construcción de una y otra fuese muy largo, por lo que se habría desconocido la existencia de la tumba previa; por otro lado, también es posible que se haya decidido no tocar a los dos esqueletos como un acto de respeto a los ancestros, a la pareja fundadora, o al patriarca de esa casa. Por su tamaño únicamente pudieron poner dos cuerpos uno al lado del otro en posición extendida. Las ofrendas encontradas en ambas tumbas sugieren prestigio, autoridad y riqueza suficientes por parte de sus moradores para decidir ser enterrados en tumba distintas, pero sin romper lazos con el pasado. Por otro lado, indican un rango mayor y la legitimación de la inequidad en el uso de esos espacios por el jefe de la familia o del grupo, lo que enfatizaría las diferencias sociales en el grupo doméstico.

El grado de desigualdad social fue reflejado al interior de la unidad doméstica, de acuerdo con el uso de los espacios de mayor o menor rango, como son las tumbas, por los jefes del grupo doméstico y sus parientes más cercanos, pero predominando los adultos. Sólo la tumba 6 tenía dos niños: un perinato y otro alrededor de un año. La cantidad y calidad de las ofrendas también reflejan la inequidad. En las cistas encontramos adultos y otros individuos en fosas bajo el piso de los cuartos, o en los patios centrales, así como fuera de la casa. Las diferencias son evidentes por sexo y edad. En las dos unidades domésticas los neonatos y niños menores de cinco años de edad fueron enterrados en los patios, ya bien en fosas excavadas en ese lugar o bien depositados en vasijas cubiertas, dependiendo de la edad. Los niños mayores de cinco o seis años fueron colocados en fosas bajo el piso de los cuartos. Como hipótesis podríamos suponer que estas circunstancias son indicativas de un rango social menor por parte de los niños más pequeños, al interior del grupo doméstico, pero no obstante reciben un tratamiento mortuorio, con implicaciones rituales y ceremoniales.

En la casa Estacionamiento A’ los niños fueron depositados en cajetes, uno invertido a manera de tapa, lo que sugiere un mayor cuidado y deseo de preservación de los cuerpos además de contar con un mayor nivel de riqueza. Las edades de los niños colocados en los cajetes son un poco mayores, en el caso de los adolescentes y jóvenes fueron enterrados bajo el piso de los cuartos. Sobre los entierros de niños en vasijas es interesante mencionar la similitud con los casos reportados en La Ventilla, en Teotihuacan y en el sitio maya de Jaina, Campeche, donde debido a la utilización de vasijas y ollas para depositar los cadáveres de los niños pequeños, sus restos óseos se preservan en buen estado (Márquez y Hernández Reference Márquez and Hernández2006; Márquez et al. Reference Márquez, McCaa, Storey, Angel, Steckel and Rose2002). Además, puede ser de gran utilidad en las investigaciones demográficas ya que normalmente se tiene un sub-registro de niños pequeños. En el caso de Tlajinga 33, un barrio de Teotihuacán, la adecuada recuperación de infantes permitió obtener datos sobre mortalidad de subadultos, registrándose un 72% de las muertes entre neonatos y niños menores de cinco años (Márquez et al. Reference Márquez, McCaa, Storey, Angel, Steckel and Rose2002; Storey Reference Storey1992). De igual manera para Jaina, Campeche, la distribución de edad mostró 60% de muertes en estos grupos (Márquez y Hernández Reference Hernández, Morfín, González-Licón and Hernández2006), lo que revela las difíciles condiciones de vida para los niños en las urbes antiguas. La muerte de los niños recién nacidos se relaciona con las condiciones de salud de la madre. Si hay desnutrición o enfermedades es probable que el niño muera al nacer, e incluso antes. Comparado con la información del Estacionamiento A, podríamos plantear que los habitantes de esta casa tenían condiciones generales de vida y salud un poco mejores a las de los niños de Teotihuacán (Storey Reference Storey1992). Los resultados sugieren como las condiciones de vida en las grandes ciudades pudieron afectar a los pequeños, que son el grupo más vulnerable (Márquez Morfín et al. Reference Márquez Morfín, Hernández and González Licón2001).

Para entender la posición social de los niños debemos referirnos a los distintos contextos antes descritos. La presencia de los nueve niños de menos de un año de vida y localizados en las tumbas se puede explicar mediante sus relaciones de parentesco (madre-hijo, padre-hijo, jefe de la unidad-primogénito, etc.). En cuyo caso, la heterarquía de los adultos con los que se encontraron representaría el factor determinante para que estos pequeños fueran depositados en ese lugar. Adicionalmente, para los fetos y mortinatos podría plantearse un panorama distinto, en el cual el hecho de formar parte del cuerpo de sus madres permite considerarlos como parte de su figura social, justificando así la presencia de ambos en un mismo contexto funerario. Los niños más jóvenes (52%), dada su condición de vulnerabilidad, generalmente fueron hallados en los patios, por lo que interpretamos que su papel al interior de la unidad doméstica no fue condicionado por sus propias actividades, ya que no tuvieron el tiempo necesario para crear, desempeñar o seguir sus roles correspondientes, y en consecuencia su tratamiento respondía al patrón establecido según las creencias religiosas y cotidianas.

El enfoque utilizado permitió conocer aspectos de carácter ritual y simbólico, así como entender mejor la organización y desigualdad social, más allá de la mera descripción de las unidades domésticas, de los objetos localizados y de los esqueletos analizados por edad y sexo. El análisis cualitativo aportó nuevas líneas de estudio e interpretación, que permitieron entender los procesos sociales, biológicos y culturales de manera integral. Este tipo de estudios permitirá construir mejores metodologías y darle su lugar a cada integrante del grupo familiar como núcleo de la sociedad. Por otra parte las investigaciones en marcha sobre la población de Monte Albán, que incluye colecciones analizadas entre 2014 y 2015, y los restos depositados en las bodegas de Cuilapan, Oaxaca, y los materiales óseos custodiados en la Dirección de Antropología Física del INAH, nos permitirán conocer con mayor profundidad diversos aspectos sobre la dinámica demográfica, la salud, la alimentación, las costumbres funerarias, las prácticas culturales de modelado cefálico, y otros aspectos interesantes de la vida de los habitantes de esta ciudad.

RESUMEN

The inhabitants of Monte Albán were organized in a complex hierarchical society; integration into society was determined by social, economic and political factors, as well as gender and age. The central objective of the study is to identify children's social position and their integration as community members. We analyze burial patterns and space use in two medium-high status domestic units from the Classic period (a.d. 200–750). According to the analysis and interpretation of results, newborn and infants were buried in the central courtyards, some in pits and others inside bowls covered with another dish. Children over four to five years were buried under the room's floor and only a few inside the family tomb. This methodology sheds light on the social differences and identity not only within the social group but also for Zapotec society as a whole.

ACKNOWLEDGMENTS

Varios colegas participaron desde el inicio del proyecto arqueológico: Cira Martínez, Raúl Matadamas, Guillermo Ahuja y Cecilia Urueta. Los trabajadores Pedro Antonio Juárez y Lorenzo González en el proceso de excavación. En la revisión del análisis osteológico de los esqueletos las colecciones depositadas en Cuilapan contamos con la participación de Geraldine Granados, Samantha Negrete, Montserrat Méndez, Adriana Zamora, Daniela Somoano y Carlos Karam. Agradecemos al Dr. Sergio López, Héctor y José Cervantes por su disposición para que revisáramos las colecciones. A las autoridades del Centro INAH, Oaxaca. La autorización y presupuesto del proyecto estuvo a cargo del INAH. Agradecemos a Traci Ardren sus valiosos comentarios y sugerencias, que permitieron mejorar el estudio; así como a Axayacatl Medina Rosas por su contribución en la labor editorial y a los revisores anónimos, quienes mediante observaciones puntuales facilitaron nuestra labor.

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